¿De qué sirve un perdón tarde cuando los daños ya están hechos?
Nunca olvidaré aquella tarde en la que mi hermana Marta me gritó delante de toda la familia, humillándome sin piedad. Desde entonces, la casa se llenó de silencios tensos y miradas esquivas, y mi propio refugio se convirtió en un constante campo de batalla. Hoy, cuando Marta finalmente pide perdón, me encuentro atrapada entre las ganas de cerrar heridas y el miedo a ser herida otra vez.