El día que comprendí que mi casa ya no era mi casa
Yo abrí la puerta de mi piso a mi familia cuando más lo necesitaban, convencida de que el amor se demostraba sin llevar cuentas. Yo fui cediendo mi habitación, mis horarios, mis ahorros y hasta mi voz, mientras todos repetían que era solo una temporada. Yo tuve que decidir si seguir siendo la hija generosa que esperaban o recuperar a la mujer que estaba desapareciendo entre las paredes de su propia casa.