La casa es nuestra, pero no lo es: Verdades sobre familia, dinero y traición
Vi cómo mi suegra entregaba las llaves de la casa a mi cuñado, a pesar de que mi marido y yo habíamos invertido todo lo que teníamos en ese hogar. El silencio entre mi marido y yo se volvió insoportable, mientras la sensación de traición y desamparo me consumía. Ahora me pregunto hasta dónde puede llegar una familia antes de romperse para siempre.