La limpiadora que todos despreciaron… y el viernes tenía sus destinos en sus manos

La limpiadora que todos despreciaron… y el viernes tenía sus destinos en sus manos

Nunca olvidaré aquel lunes en el que entré por primera vez a la agencia de publicidad de Madrid, con mi uniforme de limpiadora y la cabeza baja. Durante tres días soporté las miradas de desprecio, los murmullos y las risas a mis espaldas, mientras recogía no solo la suciedad del suelo, sino también los secretos de todos. El viernes, cuando crucé la puerta vestida de traje y con la carta de nombramiento de directora general en la mano, nadie pudo creer lo que estaba a punto de suceder.