Entre cuatro paredes: El precio de huir de mi propio hogar
Todo comenzó el día que cerré de golpe la puerta de aquel piso en Vallecas, el que durante años llamé hogar. Mi matrimonio con Sergio se había convertido en una cárcel, y su madre, Carmen, no dejaba de controlar cada aspecto de mi vida. Ahora, sentada en una habitación prestada, me pregunto si tuve derecho a marcharme y cómo encontraré fuerzas para empezar de nuevo.