No era mi hijo, pero su dolor me cambió para siempre
Mi vida giraba en torno al trabajo y el control, hasta que la llegada de Samuel, el hijo de mi difunta hermana, trastocó todo. Entre reproches familiares, dudas y la presión de una sociedad que juzga, tuve que decidir si abrir mi corazón a un niño que no era mío. Esta es la historia de cómo el dolor y la responsabilidad pueden transformar incluso al más escéptico.