Mi hermana y yo heredamos la casa de la abuela, pero mi madre convirtió nuestro hogar en un campo de batalla
Desde el día que mi hermana Lucía y yo heredamos la casa de la abuela en Salamanca, nuestra madre, Carmen, hizo de nuestra vida un infierno. Cada decisión era una lucha, cada gesto de independencia era castigado con amenazas y gritos. Cambiar las cerraduras fue el inicio de una guerra familiar que jamás imaginé vivir.