Lágrimas entre paredes: «No puedo más con este desorden. ¡Dijiste que yo llevaba esta casa!»
Mi madre siempre decía que era una desagradecida, aunque toda mi vida intenté cumplir sus expectativas. Crecí en Madrid, en una familia donde el amor se medía en notas, éxitos y manteles perfectamente planchados. Ahora, de adulta, siento que me ahogo bajo el peso de sus exigencias y mi propia impotencia para demostrarle cuánto me importa.