Cuando mi suegra dijo: «¿Entonces qué, te animas? Pide la hipoteca». Nadie me escuchó: Hice la maleta y volví con mi madre
Tenía diecinueve años cuando me casé con Alejandro, convencida de que el amor bastaba para todo. Pero vivir en casa de sus padres fue una pesadilla, y la presión de mi suegra por comprar un piso nos llevó al límite. Un día, tras una conversación que nunca olvidaré, tomé la decisión más dura de mi vida.