Cuando la sangre no basta: el día que mi vecina fue mi familia
Me llamo Carmen y, tras quedarme sola en mi piso de Vallecas, descubrí que la soledad puede doler más que cualquier enfermedad. Mis hijos, Ana y Rubén, se alejaron poco a poco, ocupados en sus propias vidas, mientras yo me hundía en el silencio de mi casa. Fue entonces cuando Rosario, mi vecina de toda la vida, se convirtió en el apoyo que jamás imaginé necesitar.