El precio del silencio: Un otoño en Valdeaguas
—¡Te lo dije, Tomás! ¡Te lo advertí mil veces! —mi grito resonó por todo el salón, entre el traqueteo de la lluvia contra los cristales y el eco de mi propia rabia. Era la noche de la fiesta de la vendimia en Valdeaguas, ese otoño en el que las hojas caían pesadas, como si el peso de los secretos les impidiera desprenderse fácilmente de las ramas.
Allí estaba yo, Lucía Romero, con el vestido azul que tanto le gustaba a mi madre, pero que en ese momento me sentía demasiado pequeño, como si la tela intentara contener todo el dolor y la frustración acumulados durante años. Tomás, mi marido, me miraba desde la puerta, derrotado. «Lucía, por favor…