Lo que más dolía: Mis padres me veían como un cajero automático. ¿Realmente merecía esto?
Desde pequeño sentí que mis padres esperaban demasiado de mí, pero nunca imaginé que acabaría siendo su fuente principal de dinero. Las peticiones se convirtieron en exigencias y el amor se fue diluyendo entre transferencias bancarias y silencios incómodos. Hoy me pregunto si alguna vez fui algo más para ellos que un simple salvavidas económico.