El caldo de la venganza se sirve bien caliente

El caldo de la venganza se sirve bien caliente

Durante tres años, soporté en silencio las humillaciones de mi suegra, hasta que un día decidí devolverle su propio veneno. Preparé para ella el mismo caldo de pescado con pimienta que me hizo tragar tantas veces, y verla atragantarse con su propio truco fue una liberación. Ahora me pregunto si la justicia, a veces, tiene sabor a caldo picante.