Cuando la bondad se convierte en prisión: Mi vida entre la generosidad y los límites familiares
Desde hace nueve años soy el marido de Magdalena y padre de nuestro hijo Lucas. Mi suegra, Carmen, ha ido traspasando todos los límites de mi paciencia y generosidad, aprovechándose cada vez más de mi buena voluntad. Hoy os cuento cómo la amabilidad puede volverse una condena y hasta dónde uno debe dejarse pisotear por la familia.