Le dije a doña Carmen que ya no podía ser su mensajera: La verdad que oculté demasiado tiempo
Una noche cualquiera, no pude más y confesé a doña Carmen que no podía seguir cargando con los problemas de su familia. Durante años fui su apoyo, mientras su hija Lucía apenas aparecía. Esta es mi historia sobre los límites, la culpa y una silenciosa rebelión femenina.