Abrí mi corazón y lo perdí todo: La historia de cómo la confianza me dejó sin hogar
Me llamo Carmen y, a mis setenta y dos años, creí que la bondad siempre era recompensada. Por confiar en dos desconocidos, perdí mi casa y mi tranquilidad. Esta experiencia me rompió, pero también me enseñó a distinguir entre confianza y ingenuidad.