Después de la boda, descubrí que mi marido solo escuchaba a su madre: Me arrepiento de haberme dejado controlar tanto tiempo
Tras casarme con Pedro, mi vida se convirtió en una lucha constante por mi dignidad, al darme cuenta de que su madre, doña Marta, dirigía cada aspecto de nuestro matrimonio. Acepté mudarme a su casa, renunciando a mi independencia y a mi propio piso, creyendo que era lo mejor para nuestra familia. Hoy sé que debí defenderme antes de perderme a mí misma.