El día que le dije a doña Carmen que ya no podía ser su criada: La verdad que oculté demasiado tiempo
Todo empezó la tarde en que, agotada y al borde del llanto, le confesé a doña Carmen que ya no podía seguir siendo su criada. Durante años la ayudé, mientras su hija Lucía apenas venía de Madrid. Esta es la historia de mis límites, la culpa y la silenciosa lucha de cada mujer que intenta ser buena vecina, hija y madre a la vez.