“No fue una infidelidad”, dijo Tomás… pero yo ya no reconocía el matrimonio que había defendido durante veinte años
Yo creía que mi marido y yo compartíamos una lealtad que ni el paro, ni las deudas, ni la enfermedad podían romper. Cuando descubrí que había entregado su intimidad a otra mujer, tuve que elegir entre seguir sosteniendo su fragilidad o salvar la parte de mí que llevaba años desapareciendo. Aún me pregunto si buscar mi propia felicidad fue una traición o la única forma de dejar de vivir con miedo.