Entre la obediencia y mi verdad: un hogar donde no cabía mi voz
Nunca olvidaré aquella noche en la que mi padre me preguntó, sin levantar la voz pero con una frialdad que helaba los huesos, si de verdad quería seguir decepcionando a la familia. Vivir bajo su techo fue siempre caminar de puntillas, vigilando mis palabras y reprimiendo lo que de verdad sentía. Me debatía entre el miedo a perder la seguridad que él representaba y el insoportable peso de no poder ser yo misma.