Después de los sesenta, la soledad era mi refugio… hasta que en la parada del autobús escuché su voz
Siempre pensé que la soledad era mi destino tras los sesenta, hasta que una tarde cualquiera, en la parada del autobús, una voz del pasado rompió mi rutina. Me giré, molesta, y descubrí que no era un desconocido, sino Pedro, el Pedro de mi juventud. Ese encuentro inesperado removió heridas, recuerdos y preguntas que creía enterradas para siempre.