Volví a casa para despedir a mi madre y acabé mirando a los ojos al padre que había dejado atrás
Volví a mi pueblo cuando mi madre ya no podía levantarse de la cama, convencido de que solo iba a cuidarla durante sus últimos días. Lo que no esperaba era tener que convivir de nuevo con mi padre, el hombre que me echó de casa por negarme a seguir el oficio familiar. Entre medicinas, silencios y el duelo, descubrí que algunas heridas no se cierran hasta que uno se atreve a nombrarlas.