¿Por qué no hay cocido, mamá?
Cuando mi hijo Felipe, enfadado y decepcionado, preguntó por qué no había cocido en la mesa, sentí el peso de la ausencia y el cambio. Mi marido Darío y yo nos quedamos solos en nuestro piso de Vallecas, intentando encontrar sentido a una rutina silenciosa y vacía tras la marcha de nuestros hijos. Esta es la historia de cómo el vacío, los malentendidos y la búsqueda de un nuevo propósito nos enfrentaron a nosotros mismos y a nuestro matrimonio.