Nunca Más: El Día Que Cuidé a Mi Nieto
Hoy, mientras el reloj marcaba las ocho de la mañana y mi hija Lucía me llamaba desesperada, supe que mi vida iba a cambiar. Acepté cuidar a mi nieto Mateo, enfermo y con fiebre, porque no había otra opción: la guardería no lo aceptaba y mi nieta mayor, Paula, tenía la agenda llena. Lo que parecía un simple favor familiar se convirtió en una jornada de emociones al límite, recuerdos dolorosos y una reflexión sobre los sacrificios invisibles de las abuelas.