Cuando Elena cerró la puerta y me dejó solo con nuestros tres hijos, tuve que aprender a ser padre y madre a la vez
Cuento cómo mi vida se rompió la noche en que Elena abandonó nuestro piso y dejó a nuestros tres hijos conmigo sin apenas explicaciones. Entre turnos precarios, facturas, reuniones del colegio y el dolor de los niños, tuve que enfrentarme también a los prejuicios de quienes creían que un padre solo no podía cuidar de su familia. Gracias a mi padre y a otras familias monoparentales, descubrí que pedir ayuda no me hacía menos fuerte y que un hogar se sostiene con presencia, no con perfección.