Mi hermana me pidió que le cediera mi casa por estar embarazada, y mi familia me llamó egoísta cuando dije que no
Sentí que se me rompía algo por dentro cuando Lucía, mi hermana, me pidió que abandonara el piso que había comprado con tantos sacrificios para que ella pudiera criar a su bebé cerca del centro. Durante semanas cargué con la culpa, las llamadas de mi madre y las frases crueles de mis tíos, hasta que comprendí que ayudar no significa desaparecer para resolver la vida de los demás. Esta es la historia de cómo aprendí a poner un límite a mi propia familia sin dejar de quererla.