Escondiéndome en el trabajo para huir del hastío de mi marido
Nunca imaginé que mi oficina se convertiría en mi refugio, el único lugar donde podía respirar sin sentirme juzgada o ignorada. Cada día, alargar la jornada laboral era mi forma de evitar el silencio incómodo y las discusiones sin sentido en casa. Ahora me pregunto: ¿cuándo dejamos de ser compañeros para convertirnos en extraños?