Los gemelos que nunca reían—hasta que la criada rompió una regla
En la casa de los Ortega, el silencio era ley. Nadie se atrevía a romperlo, ni siquiera nosotros, los gemelos, hasta que una tarde todo cambió por un accidente inesperado. Aquel día, por primera vez, la risa llenó la casa y algo en nuestro mundo se rompió para siempre, pero quizás para bien.