Le dije a mi hija que no podía seguir criando a su hijo como si yo no tuviera vida, y esa noche se rompió algo entre las dos
Aquella tarde terminé gritando en mi propia cocina, con las piernas temblando y una rabia que en realidad era puro cansancio. Yo adoraba a mi nieto, pero llevaba demasiado tiempo sosteniendo sola una rutina que mi hija había empezado a dar por hecha. Cuando por fin puse límites, sentí culpa, alivio y un miedo terrible a perderla.