El día que llevé a mi madre a la residencia: Un adiós que nunca termina
Aquel día, mientras sostenía la mano de mi madre frente a la residencia, sentí cómo mi corazón se partía en mil pedazos. Siempre hubo distancia entre nosotros, pero en ese instante comprendí el peso de cada silencio y cada palabra no dicha. Su mirada, llena de tristeza y resignación, me persigue hasta hoy.