El Último Invierno de Carmen
En una fría tarde de enero, me enfrenté a mi familia en el salón de nuestra casa en Salamanca, confesando que, a mis 78 años, me había enamorado de nuevo. Entre lágrimas y reproches, luché por defender mi derecho a la felicidad, mientras los recuerdos de mi difunto esposo y los prejuicios de mis hijos amenazaban con ahogarme. Esta es la historia de cómo el amor puede renacer cuando menos lo esperas, y de cómo la familia puede ser el mayor obstáculo o el mayor apoyo.