Entre las paredes de mi casa: el precio de la compañía
Me llamo Rosario y, a mis setenta y ocho años, lucho por mantener mi independencia en mi piso de Lavapiés. La llegada constante de mis hijos, con sus buenas intenciones y sus propias cargas, ha convertido mi refugio en un campo de batalla emocional donde el amor y la necesidad de espacio chocan cada día. Esta es la historia de cómo el deseo de compañía puede volverse una jaula dorada, y de la soledad que a veces se esconde entre abrazos demasiado apretados.