Huí de casa a las tres de la mañana con mis hijos en brazos: la noche en que dejé de pedir perdón por sobrevivir
Salí de casa en plena madrugada con mi hijo y mi hija porque comprendí que el alcohol y la violencia de mi marido podían destruirnos. Cuando una amiga a la que consideraba familia me cerró la puerta, una vecina mayor me ofreció refugio y me ayudó a encontrar el valor que había perdido. Con el apoyo de un centro de atención a víctimas reconstruí mi vida, aunque todavía tuve que luchar contra el miedo, la culpa y el silencio de quienes me pedían que aguantara.