Por tu culpa apenas llegamos a fin de mes: La herida que más duele es la de una madre
Todo empezó una tarde cualquiera, cuando mi madre, con la voz cargada de reproche, me soltó una frase que me atravesó el alma. En vez de encontrar en ella el consuelo y la comprensión que tanto necesitaba, sentí cómo me caía encima el peso de una culpa que no era mía. Esta es mi lucha por recuperar mi dignidad y el cariño en una familia donde las palabras pueden doler más que cualquier golpe de la vida.