“Mamá, si vienes, yo no voy”: La vez que mi hijo me puso límites para ir a casa de la abuela
—Mamá, si tú vienes, yo no voy—me dijo Pablo con el ceño fruncido, cruzando los brazos con la rotundidad de quien, a sus siete años, cree haber resuelto el mundo con una sola frase. Era sábado por la mañana, y la cocina olía al café que nunca lograba terminarme mientras intentaba compaginar el teletrabajo, la casa y mi maternidad. Pero ese día, ese comentario de mi hijo me sacudió entera. Me detuve con la taza a medio vuelo y solo pude mirarle, sintiendo cómo mi corazón latía entre la rabia y una punzada de tristeza.