¡Qué familia tan desconsiderada! Coge tus cosas, nos vamos de aquí. No pienso volver jamás.
En mitad de una tarde que prometía ser tranquila, una comida familiar con los padres y la hermana de mi pareja se tornó en una pesadilla de desaires, comentarios hirientes y desprecios sistemáticos hacia mí. Aquel día, en pleno centro de Madrid y en la intimidad de su casa, descubrí el verdadero rostro de mi familia política. Desde entonces, me pregunto si podré perdonar alguna vez lo que allí sucedió.