Las llaves que nunca abren: Mi vida entre sacrificios y puertas cerradas
Después de décadas trabajando en Alemania para darles un futuro mejor a mis hijos, regresé a Madrid con la ilusión de sentirme en casa. Compré un piso para cada uno, soñando con reuniones familiares y abrazos sinceros. Hoy, me encuentro en la calle, con las llaves en la mano, pero sin un lugar donde dormir ni el calor de mis propios hijos.