Vendí mi piso para salvar a mi hijo y terminé preguntándome quién me salvaría a mí
Creí que ayudar a mi hijo cuando perdió su trabajo era lo que debía hacer una madre, aunque para ello tuviera que vender el piso que había pagado durante cuarenta años. Hoy vivo de alquiler, con una pensión que apenas alcanza y con una culpa que se mezcla cada día con la rabia. Esta es la historia de cómo confundí el amor con la obligación de sacrificarme hasta desaparecer.