El día que nuestro coche murió camino a rehabilitación y el vecino al que todos criticaban nos cambió la vida
Todavía se me encoge el pecho cuando recuerdo el coche echando humo en mitad de la carretera, mi madre llorando al volante y mi hermano pequeño esperando su rehabilitación como si de eso dependiera todo. Yo no confiaba en nadie, y menos en un vecino rico del barrio al que todos miraban con recelo, pero fue él quien apareció cuando más hundidas estábamos. Nunca imaginé que detrás de su ayuda había una herida tan parecida a la nuestra y que, por culpa de los prejuicios, casi dejamos pasar la mano que nos estaba salvando.