Cuando mi hija decidió casarse con el pobre Manuel, yo me opuse: jamás imaginé lo que el destino nos tenía preparado
Desde el primer momento en que mi hija Lucía me anunció que quería casarse con Manuel, sentí que el mundo se me venía abajo. Yo siempre soñé con un futuro brillante para ella, lejos de las carencias que yo misma sufrí en mi juventud. Pero el destino, caprichoso y cruel, tenía otros planes para todos nosotros.