Le regalamos el piso de los abuelos a nuestra hija… y ahora nos sentimos como intrusos en su vida
Nunca imaginé que el mayor regalo que podíamos hacerle a nuestra hija se convertiría en una herida abierta entre nosotros. El piso de mis padres era nuestro tesoro familiar, y dárselo a Lucía fue un acto de amor, no de obligación. Ahora, cada vez que cruzo su puerta, siento que ya no pertenezco a ese lugar ni a su mundo.