Cuando los padres se van, solo queda el silencio: ¿Valió la pena tanta terquedad?
En mi boda con Gabriel, sus padres no estuvieron presentes. Intenté convencerle de que los invitara, pero él se negó rotundamente. Ahora, años después, me pregunto si el orgullo y el dolor pueden deshacerse alguna vez.