Te lo advertí: Cuando el amor se convierte en traición
—¿De verdad crees que puedes engañarme, Sergio? —le grité, con la voz rota y la mirada clavada en sus ojos oscuros, que por primera vez me parecieron fríos, calculadores. La lluvia golpeaba los cristales del salón mientras mi madre, sentada en el sofá, se tapaba la boca para ahogar un sollozo. Mi padre, don Ramón, permanecía de pie junto a la chimenea, con el rostro endurecido por la decepción.
Nunca imaginé que mi vida terminaría así: enfrentando al hombre al que juré amor eterno, el mismo que mi padre había acogido como a un hijo. Todo comenzó hace dos años, cuando Sergio llegó a la empresa familiar. Era brillante, trabajador y siempre tenía una palabra amable para todos. Mi padre lo admiraba tanto que pronto lo convirtió en su mano derecha. Yo, Lucía, hija única y heredera de una pequeña fortuna en Valladolid, me sentí atraída por su inteligencia y su aparente sinceridad.
—Lucía, eres lo mejor que me ha pasado —me susurraba Sergio en las noches de verano, cuando paseábamos por los viñedos de la familia. Me hacía sentir especial, única. Mi madre, Carmen, me advertía:
—Ten cuidado, hija. No todos los que sonríen son de fiar.
Pero yo no quería escuchar. Me casé con Sergio en una ceremonia sencilla pero elegante en la iglesia del pueblo. Todos decían que hacíamos una pareja perfecta. Durante el primer año todo fue felicidad: cenas familiares, viajes a la costa gallega, proyectos compartidos. Pero poco a poco empecé a notar cambios en Sergio. Se volvía distante conmigo y más ambicioso en la empresa. Mi padre empezó a confiarle decisiones importantes y yo sentía que me quedaba al margen.
Una noche, mientras recogía la mesa después de una cena tensa, escuché a Sergio hablando por teléfono en el despacho:
—Te lo dije: ella sería mía… y también el dinero de su padre. Solo es cuestión de tiempo.
Sentí un frío recorriéndome la espalda. ¿De quién hablaba? ¿Era posible que todo hubiera sido una mentira? No pude dormir esa noche. Al día siguiente, enfrenté a Sergio:
—¿Qué significa lo que dijiste anoche?
Él negó todo, me llamó paranoica y me abrazó con fuerza. Pero ya no podía confiar en él. Empecé a investigar y descubrí mensajes en su móvil con un amigo suyo, Álvaro:
—La vieja está enferma, Ramón no durará mucho más. Cuando Lucía herede, todo será nuestro.
Mi mundo se vino abajo. ¿Cómo había sido tan ingenua? ¿Cómo no vi las señales? Decidí contárselo a mi madre. Ella lloró conmigo y juntas buscamos pruebas para mostrarle la verdad a mi padre.
El día que enfrentamos a Sergio fue uno de los más duros de mi vida. Él intentó negarlo todo al principio, pero cuando mi padre le mostró los mensajes impresos, su máscara cayó.
—¿De verdad pensabais que podíais dejarme fuera después de todo lo que he hecho por esta familia? —espetó Sergio con rabia.
—¡Tú nunca fuiste parte de esta familia! —le respondió mi padre con voz temblorosa pero firme.
Sergio recogió sus cosas y se marchó esa misma noche. El silencio que dejó tras de sí era ensordecedor. Durante semanas no pude dormir ni comer. Me sentía humillada, utilizada y vacía.
La gente del pueblo empezó a murmurar. Algunos decían que yo había sido tonta por enamorarme tan rápido; otros culpaban a mi padre por confiar demasiado en un forastero. Mi madre intentó animarme:
—Lucía, eres fuerte. Esto no te va a definir.
Pero yo no podía dejar de preguntarme si alguna vez volvería a confiar en alguien. La empresa sufrió durante meses; mi padre envejeció de golpe y mi madre enfermó del corazón por la tristeza.
Un día recibí una carta de Sergio. Decía que me amaba de verdad pero que la ambición le había cegado. No supe si creerle o no. Rompí la carta sin leerla entera.
Hoy, un año después, sigo reconstruyendo mi vida. He retomado mis estudios de derecho y ayudo a mi padre en la empresa, pero ya no soy la misma Lucía ingenua de antes. Ahora sé que el amor puede ser un arma de doble filo y que las heridas del alma tardan mucho en sanar.
A veces me pregunto: ¿cómo podemos distinguir entre el amor verdadero y el interés disfrazado? ¿Cuántos más habrán vivido una traición así sin atreverse a contarlo? ¿Y vosotros? ¿Confiaríais de nuevo después de algo así?