No dejaré que mi madre convierta mi vida en una pesadilla: ¡Creo que puedo sola!
—¿De verdad, Lucía? ¿Otra vez con tus tonterías? —La voz de mi madre retumbó en el pasillo, tan fría como siempre. Yo tenía el abrigo puesto, la mochila de mi hija colgando de un brazo y las llaves temblando en la mano. Mi hija, Paula, me miraba con esos ojos grandes, buscando en mí una seguridad que yo apenas sentía.
—No son tonterías, mamá. Solo quiero que me escuches —le respondí, intentando que mi voz no se quebrara. Pero ella ya había girado la cara, como si mis palabras fueran aire.
Desde pequeña supe que nunca sería suficiente para ella. Cuando saqué un 8 en matemáticas, me preguntó por qué no era un 10. Cuando elegí estudiar Trabajo Social en la universidad de Salamanca, me dijo que era una carrera de perdedores. Y cuando conocí a Raúl y me enamoré, solo vi decepción en sus ojos.
Pero lo peor llegó hace dos años, cuando Raúl y yo nos divorciamos. Mi madre vino a casa con esa expresión de «te lo dije» y me soltó, sin miramientos:
—Ahora te las apañas sola. Yo ya crié a una hija y no pienso criar a otra nieta.
Me quedé helada. Paula tenía solo cuatro años y yo acababa de perder mi trabajo en la tienda de ropa del centro. No tenía ahorros, ni amigos cercanos —la mayoría se habían ido a Madrid o Barcelona— y mi exmarido apenas pagaba la pensión.
Las primeras semanas fueron un infierno. Recuerdo una noche en la que Paula tenía fiebre y yo no tenía ni para el Dalsy. Llamé a mi madre, desesperada:
—Mamá, por favor, ¿puedes venir? Paula está muy mal y no sé qué hacer…
—Lucía, ya eres mayorcita. Aprende a apañarte sola —me cortó. Y colgó.
Lloré durante horas, abrazada a mi hija, sintiendo una soledad tan profunda que pensé que me ahogaría. Pero al día siguiente, llevé a Paula al centro de salud y conseguí que la doctora me diera una muestra gratis del jarabe. Fue la primera vez que sentí que podía hacerlo sola.
A partir de ahí, cada día fue una batalla. Encontré un trabajo limpiando casas en el barrio de Salamanca. No era lo que soñaba, pero pagaba el alquiler del piso pequeño donde vivíamos Paula y yo. Por las noches, estudiaba para unas oposiciones de auxiliar administrativa. Paula dormía a mi lado en el sofá-cama mientras yo repasaba apuntes con los ojos llenos de lágrimas y cansancio.
Mi madre seguía llamando de vez en cuando, pero solo para criticar:
—¿Todavía sigues limpiando casas? Con lo lista que eras…
—¿No te da vergüenza vivir así? —me soltó un día en la cola del supermercado, delante de la vecina del tercero.
Yo apretaba los dientes y seguía adelante. No podía permitirme caer. Paula dependía de mí.
Un día, Paula llegó del colegio llorando porque una niña le había dicho que no tenía papá y que su abuela no la quería.
—¿Por qué la abuela no viene nunca a verme? —me preguntó con voz temblorosa.
No supe qué decirle. ¿Cómo explicarle a una niña de seis años que su abuela estaba demasiado rota por dentro para quererla?
Esa noche, mientras la arropaba, le prometí:
—Nunca te dejaré sola, Paula. Pase lo que pase.
Pero a veces dudo si podré cumplir esa promesa. Hay días en los que el cansancio me vence y el miedo me paraliza. Miro a mi hija y veo mis propios ojos reflejados en los suyos: los mismos ojos asustados que tenía yo cuando era pequeña y mi madre gritaba porque algo no salía como ella quería.
Hace poco aprobé las oposiciones. Cuando llamé a mi madre para decírselo, solo dijo:
—Bueno, algo es algo.
Colgué el teléfono sintiendo una mezcla de rabia y alivio. Por fin entendí que nunca tendría su aprobación. Pero también comprendí que no la necesitaba para ser feliz.
Ahora intento construir una vida diferente para Paula y para mí. Una vida donde los errores no sean motivo de vergüenza, sino de aprendizaje. Donde el amor no dependa de cumplir expectativas imposibles.
A veces me pregunto si algún día podré perdonar a mi madre por todo el daño que me hizo. O si podré romper el ciclo y ser para Paula la madre que yo nunca tuve.
¿Vosotros creéis que es posible dejar atrás el pasado? ¿O estamos condenados a repetir los errores de quienes nos criaron?